San Juan, Puerto Rico: en el restaurante “te prestan una estola”
Con una atmósfera que recuerda a una bodega, en el restaurante Entrevinos se come a gusto.
Cada viaje, aún a ciudades conocidas, trae experiencias nuevas. En un paseo en auto por el Viejo San Juan vemos a corta distancia el famoso Tótem Telúrico, grandiosa columna hecha de azulejos y cerámica con motivos taínos, cuya base es de granito negro, con un simbolismo indigenista. Tras mirar otros puntos de interés, sin apearnos, llegamos hasta la avenida de la gran marina donde atracan los barcos cruceros. Hoy está anclado el Carnival Venezia, con su interiorismo italiano, delante del cual pasan numerosos turistas en pantaloncitos cortos pues, pese a estar a fines de noviembre, la temperatura es bastante cálida.
Mi hijo Alexis me pregunta qué me apetece cenar. Si es en un restaurante prefiero sopa. Trato de que mi cena sea siempre ligera. Fabiola nombra un par de restaurantes que nos quedan en la ruta hacia la casa. En el trayecto ha caído la noche, la última de varios días en Puerto Rico, y luego de un par de vueltas en su búsqueda llegamos a Entrevinos sin apenas darnos cuenta. “¡Míralo ahí!”. En su interior piezas de mobiliario especialmente diseñadas para vinos están llenos de botellas acostadas mientras en algunos estantes las botellas son de diversas bebidas, colocadas de pie. Es que todo depende del tipo de bebida; al vino es mejor tenerlo horizontal. En ciertos casos las botellas cubren casi un muro completo. Por algo lleva el nombre de Entrevinos: los propietarios han querido que sus clientes se sientan como en un ambiente de bodega. En gran medida lo han logrado.