La bandera, el mangú y el sancocho: los platos dominicanos que conquistan a los turistas
● El 85 % de los turistas considera la gastronomía al elegir un destino, según Deloitte.
● El sector de hoteles, bares y restaurantes creció 2.8 % entre enero y junio de 2025.
Santo Domingo, RD
Cuando los turistas que visitan República Dominicana regresan a sus países, suelen llevarse en la memoria, y a veces en el equipaje, el sabor de la cocina criolla.
La gastronomía dominicana, con raíces taínas, españolas y africanas, se ha convertido en uno de los atractivos más buscados por los visitantes que quieren ir más allá de los resorts y conocer la isla en profundidad.

El 30 % del gasto turístico global es destinado a experiencias culinarias, mientras que Deloitte señala que el 85 % de los turistas considera la gastronomía al elegir un destino.
En ese contexto, la cocina dominicana encuentra un terreno fértil: es auténtica, accesible y profundamente enraizada en la identidad nacional.
El Banco Central dominicano indicó que el sector de hoteles, bares y restaurantes tuvo un crecimiento de 2.8 % entre enero y junio de 2025 respecto al mismo período del año anterior, explicado por el desempeño de los servicios de suministro de alimentos y bebidas. Este dato refleja una demanda creciente de experiencias gastronómicas dentro del turismo que llega al país.

La Bandera Dominicana, una combinación de arroz blanco, habichuelas guisadas, pollo, res o cerdo, es considerada un verdadero manjar por los turistas y una insignia gastronómica del país. Su nombre hace referencia a la bandera nacional: el rojo de las habichuelas, el blanco del arroz y la carne como tercer elemento.
Es el plato más pedido en los comedores populares visitados por extranjeros que buscan autenticidad fuera de los resorts.

El mangú es uno de los platos más tradicionales de la cocina dominicana. Se elabora con plátano verde hervido y majado, y se sirve habitualmente acompañado de cebollas rojas encurtidas en vinagre.
Su variante más conocida en el turismo es la de “los tres golpes”: mangú con queso frito, salami dominicano y huevo frito, un desayuno que genera reacciones de sorpresa y agrado entre quienes lo prueban por primera vez.
El sancocho es uno de los platos más icónicos de República Dominicana. Este estofado combina hasta siete tipos distintos de carnes con tubérculos y verduras, en un caldo que destaca entre los de los demás países caribeños por su generosidad de ingredientes.

Aunque pueda sorprender a los visitantes encontrar un caldo tan contundente en un país tropical, quienes lo prueban suelen convertirse en seguidores.
Los tostones, tajadas de plátano verde aplastadas y fritas, son la guarnición universal de la cocina dominicana y uno de los bocados que más sorpresas agradables generan en los turistas. Crujientes por fuera y suaves por dentro, se sirven con casi cualquier plato principal y son comparados frecuentemente con papas fritas de sabor más pronunciado.
El pescado frito con tostones, típicamente consumido en zonas costeras como Boca Chica, es un plato que acompaña los días de playa y de ocio costero.
Es una referencia común entre los turistas que visitan la zona. Acompañado de moro de guandules y una cerveza fría, representa la experiencia gastronómica de playa más auténtica del país.
El mofongo, elaborado con plátano frito machacado con especias, chicarrón y caldo, es otro plato con raíces africanas que ha ganado proyección entre los turistas.
Se sirve en forma de bola o molde y puede rellenarse con camarones, pollo o carne guisada. Su textura y versatilidad lo han convertido en favorito de los restaurantes de autor que trabajan con cocina criolla contemporánea.
El senador por la provincia La Altagracia, Rafael Barón Duluc, depositó en el Senado un proyecto de ley para el fomento del turismo gastronómico en República Dominicana, con el propósito de reconocer y potenciar la gastronomía dominicana como parte esencial del desarrollo cultural, económico y turístico del país.
La iniciativa refleja el creciente reconocimiento institucional de que la cocina es un activo turístico de primer orden. El auge del turismo gastronómico ha llevado a varios operadores a incluir recorridos por mercados, comedores y cocinas familiares dentro de sus ofertas.
La tendencia, consolidada en destinos de todo el mundo, encuentra en la cocina dominicana un potencial aún por explotar: recetas con historia, ingredientes locales y una identidad cultural que ningún otro destino puede replicar.